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Aldo Espinosa Rapalino

Aldo Espinosa Rapalino

Colombia Humana

Senado - NacionalNacionalRenglón #38
2026-2030

Departamento

Nacional

Posición en lista

Renglón #38

Género

Masculino

Partido

Colombia Humana

Tipo

candidato

Biografía

Soy Aldo Espinosa, hijo de Manuel Espinosa, Mañe, excombatiente del M-19 y representante a la Cámara por la Alianza M-19. Mi formación política no surge del cálculo electoral ni del oportunismo, sino de una historia familiar y colectiva atravesada por la lucha por la democracia, la justicia social y la participación real del pueblo en las decisiones que afectan su vida. Crecí entendiendo que el poder no se concede desde arriba, sino que se construye desde abajo, de manera organizada. La experiencia de mi padre y de toda una generación que apostó por transformar la guerra en política me enseñó que la democracia solo es posible cuando el pueblo se organiza, se asocia y actúa colectivamente como sujeto político. Mi trayectoria ha estado ligada al acompañamiento de procesos sociales, organizativos y comunitarios, convencido de que la asociatividad vista desde las cooperativas, asociaciones populares, organizaciones sociales y redes territoriales no es un complemento de la política institucional, sino su fundamento. Creo en la organización como escuela de democracia, como espacio de formación política y como herramienta concreta para disputar poder, recursos y decisiones. No concibo la política como un liderazgo individual ni como una carrera personal. Mi apuesta es colectiva: fortalecer el tejido social organizado como condición indispensable para la transformación democrática del país. Mi propuesta política parte de una convicción central: la asociatividad como la forma concreta y viable del poder popular en el presente. No hablo de participación simbólica ni de consultas sin efectos reales, sino de organización social con capacidad de incidencia, gestión y control sobre lo público.Propongo un proyecto político que reconozca a las organizaciones sociales y populares como actores estratégicos del desarrollo y de la democracia, no como beneficiarios pasivos de políticas diseñadas desde el centro. Esto implica fortalecer la economía solidaria, las formas asociativas de producción, los procesos comunitarios de gestión del territorio y los espacios de decisión colectiva. Planteo un Estado que no sustituya la organización social, sino que la potencie; que transfiera capacidades, recursos y poder real a los procesos asociativos, y que construya política pública desde el diálogo permanente con el pueblo organizado. La democracia que defiendo no se agota en el voto, se ejerce todos los días en la organización, en la deliberación y en la acción colectiva. Mi apuesta es clara: sin asociatividad no hay poder popular, y sin poder popular no hay transformación democrática real. Ese es el legado que asumo y el horizonte político que defiendo.